La colorida vulva peruana
Dora, 41 años, se afana sobre su próxima pieza de artesanía en un improvisado taller de su casa, en Manchay, cerca de Lima. Proveniente de la ciudad de Chiclayo en el norte de Perú, se fue de su tierra huyendo de las guerras internas cuando un grupo terrorista asesinó a uno de los varones de su familia que se resistió a marcharse con ellos. Casada y con dos hijos, su economía familiar ha salido a flote gracias a los artículos que realiza y que vende a través de la asociación K’anchay killa, nombre quechua que significa “Luna luminosa”.